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[Escritos] La boda





"Te ves hermosa de blanco", le dije. Me mir√≥ con una sonrisa capaz de iluminar la ciudad entera. "Deja de decirme esas cosas, har√°s que me arrepienta de todo esto", me dijo con voz quebrada. "No te arrepientas, no por m√≠. T√ļ sabes que lo nuestro es tan ef√≠mero como la brisa. Disfruta tu vida de casada, ten los hijos que yo no quiero tener. Hazlo tan feliz como me hiciste a m√≠. Muerdele la oreja de vez en cuando, prep√°rale tu especialidad los domingos y lean par de libros juntos. En fin, √©l te merece y t√ļ mereces el final feliz que nunca pude darte", al terminar de decirle todo esto. Fue inevitable. Par de l√°grimas se escaparon de mis ojos. Estaba hablando con el alma, era imposible no quebrarme. Ella tambi√©n comenz√≥ a llorar y me pidi√≥ que me callara. Faltaban apenas diez minutos para que comenzar√° su boda por todo lo alto. La boda que ella merec√≠a, el final feliz del que le contaban de peque√Īa. L√°stima que no era con quien ella quer√≠a, porque yo simplemente estaba aferrado a la idea de ser un alma libre.

Ambos est√°bamos en silencio cuando llego la asistente de la organizadora de la boda, me vio y dijo: "¿Qu√© es esto? ¿El novio no puede ver a la novia antes de la ceremonia? Eso es de mala suerte." Tan solo sonre√≠ y le dije que no era el novio, era un buen amigo que ven√≠a a desearle la mejor de la suerte en este d√≠a tan especial. Ella, Luc√≠a, pidi√≥ que le retocaran el maquillaje lo antes posible.

Yo sal√≠ por la misma puerta trasera por la que entr√© y justo cuando comenc√© a caminar hasta la entrada de la iglesia comenz√≥ a sonar la marcha nupcial. Justo como ella quer√≠a, justo como lo so√Īaba. Todo parec√≠a un sue√Īo, una boda de pel√≠cula. Vi a Rodolfo desde lejos y tan solo le ped√≠ a Dios porque ambos fueran felices. Nadie deber√≠a casarse sin pensar en la felicidad, aunque las circunstancias digan lo contrario. Sal√≠ de la iglesia por aquella puerta lateral y comenc√© a bajar las escaleras. Jur√© que no voltear√≠a, as√≠ me llamase mi mejor amigo, mi madre o mi hermano. Seguir√≠a bajando las escaleras hasta terminarlas. Ya ten√≠a suficiente de Luc√≠a, de nuestra historia, de nuestra locura. En ese instante escuch√© su voz. "Eduardo", me dijo. Sin pensarlo voltee y alcanc√© a escuchar: "No te vayas. Qu√©date en la ceremonia, eres mi invitado de honor". Desde la calle le dije: "Lo siento, tengo un avi√≥n que tomar. T√ļ sabes, trabajo por hacer". Ella sonri√≥ y dijo: "Gracias... por tanto". Yo tan solo gui√Ī√© el ojo, fing√≠ que no me importaba nada de lo que estaba sucediendo y segu√≠ caminado.

Mientras iba vía al aeropuerto, entendí que así era la vida. No es nada de lo que nos venden en películas. Nada que ver con las series de Netflix. La vida se resume en mostrarte lo que te encantaría tener, te deja probarlo, tocar el cielo y luego cuando estás enganchado; te recuerda que eres un simple mortal.

Te deseo todo lo bonito que puedas vivir, te deseo una casa grande con los perros y los ni√Īos. Justo como lo so√Īaste. Ya que no puedo ser feliz a tu lado, espero que seas feliz con √©l. Yo te espero m√°s adelante, cuando las perlas no roben el brillo de tu mirada. Cuando entiendas que amar va m√°s all√° de una cifra en el banco. Tranquila, Luc√≠a. Tendremos tiempo para todo. Para vivir, para so√Īar, para re√≠r. Y sino, d√©jame vivir con la ilusi√≥n de que ser√° as√≠. Eso me mantendr√° vivo.

Tuyo por siempre, Eduardo. 



Atte. Ostwald Guillén
(AKA El Bastardo)



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